septiembre 16, 2010

Señales de tránsito

El mar no sabe que es mar
ni que lo amas.

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Vio el mar por primera vez. En la distancia el mar era azul. Incuestionablemente azul. Sintió la felicidad de comprobar. Corrió desnudo por la arena de una playa sin turistas hasta que las olas le salpicaron la cara. Se detuvo, sospechando algo terrible, tomó entre sus manos un poco de mar. Y lo temido ocurrió. En el hueco de sus manos, el mar dejaba de ser azul, era sólo agua transparente. Acortar la distancia para destruir el encanto.

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Elegimos el ejemplar más exótico,
nos enamoramos de su libertad
y empezamos a construirle una jaula.


José Sbarra.

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